PREVISIBILIDAD

Llevará su traje gris marengo, de corte italiano, y la corbata a juego que le regaló su mujer por su último cumpleaños. Sobre las doce la telefoneará precisamente a ella, y la engañará una vez más con la primera excusa que le venga a la cabeza para no tener que ir a comer a casa, Ni siquiera será una invención demasiado alambicada: una reunión de última hora, la llamada de un amigo, un problema imprevisto en la oficina… En realidad da igual qué embuste se saque de la chistera; ella, como siempre, lo creerá a pies juntillas. Antes de finalizar la llamada le susurrará cuánto la quiere y la suerte que tiene de estar a su lado. O algo por el estilo. Eso también se lo creerá… Tras colgar, apagará el ordenador, guardará sus papeles bajo llave en el cajón del escritorio, cogerá la americana de la percha y, al salir por el despacho contiguo al suyo, se despedirá hasta el día siguiente de su secretaria. Se dirigirá al aparcamiento de los directivos por la salida trasera y, antes de subir en el coche, encenderá el tercer o cuarto cigarrillo de la mañana, cigarrillo que finiquitará en unas pocas caladas tan hondas como apresuradas. Una vez dentro del vehículo, se pondrá las gafas para conducir y luego comprobará con precisión milimétrica los espejos retrovisores. Cuando por fin arranque el motor, sonará un concierto para piano de Rachmaninov en el estéreo y, durante los primeros minutos del trayecto, acompañará la música con golpecitos de sus dedos sobre el volante. Tomará la ronda de Dalt en Cornellá, conducirá en dirección Besós sin superar en ningún momento los ochenta kilómetros por hora de velocidad y al cabo abandonará esa vía por la salida 6, para bajar hasta Lesseps por República Argentina. Dejará el coche en el aparcamiento de costumbre y saludará por su nombre de pila al encargado al entregarle las llaves. Aprovechará las dos calles que le separan de su destino para fumar otro Marlboro y consultar los mensajes en el móvil. Llegará al edificio unos diez minutos después de haber estacionado, y abrirá el portal con su propia llave. Se arreglará la corbata en el espejo del ascensor y hará lo propio con su indomable –así lo define, entre risas, él mismo– flequillo. Bajará del ascensor en el tercero y entrará, también con su llave, en el apartamento número 3. Anunciará su presencia en voz alta mientras cierra la puerta tras de sí. Pasará por el salón, dejando a su paso el desvaído perfume de su colonia, y entrará en la habitación del final del pasillo. Entonces, justo al abrir la puerta, sus ojos se tropezarán por fin conmigo. O, mejor dicho, se tropezarán con mi cadáver, tendido en la cama: un cuerpo que a estas alturas ya estará rígido, ya estará frío… Supongo que en algún momento, tal vez cuando llame al 112 desde el teléfono de la mesita de noche, verá también los frascos de ansiolíticos y pastillas para dormir, vacíos, que me acabo de tomar.

6 comentarios en “PREVISIBILIDAD”

  1. Estoy de hospitales, y acabo de ver mi invitación y el texto.
    No me llevo el mac al hospital, pero cuando me echen y vuelva un rato, aquí estaré.
    Gracias y
    Bienhallado

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