BLONDI

Soy la perra más afortunada del mundo porque tengo el amor de un hombre excepcional. Me pregunto cada cuánto tiempo nace un hombre como él. Sé que despierto la envidia de todos, ya sean animales o humanos.

Me encanta seguir a mi amo por los pasillos, sentarme a sus pies, recibir sus caricias y sus palmadas de afecto. A él, todo el mundo lo sabe, le encantan los niños y los perros; tiene un corazón muy grande. Y sé que no es fácil que un hombre tan ocupado como él tenga tiempo para dedicarme, para mostrarme su cariño, para preocuparse por mí, una simpe pastor alemán que aún no ha cumplido dos años. Se me saltan las lágrimas cuando me llama y me da alguna exquisitez para mi disfrute.

Cuando él se sienta junto a su esposa, frente a la chimenea, yo no puedo hacer otra cosa que mirarlos con arrobo y acercarme para que me acaricien. A veces pienso que mi amo me quiere tanto que su esposa puede tener celos de mí. Me pregunto a quién elegiría de las dos si se viera obligado a escoger. Sé que la pregunta no tiene el menor sentido.

 Me gusta estar en la capital, pero lo que de verdad me vuelve loca es cuando nos vamos unos días a nuestra casa de la montaña. Allí respiro el aire fresco, mis pulmones se llenan con el aroma perfumado de las flores. Desde la terraza veo los picos nevados y me extasío con su contemplación; también, como aún tengo edad de jugar, persigo mariposas y ratones.

Se supone que allí, en las montañas, estamos de vacaciones, pero él, no podría ser de otra manera, recibe continuamente visitas de unos y de otros. A todos los recibe con una sonrisa en los labios, unas palabras de afecto, un comentario divertido. Sé, gracias a mi perruna intuición, que las cosas marchan como la seda. Me encanta escucharlo, oír sus planes y sus estrategias, ver como todos le prestan atención. Es mi amo y me gusta verlo feliz. También soy capaz de oler el miedo en muchas personas que van a visitarlo; sé que le temen; sé que una simple orden suya les puede llevar a la ruina. La verdad es que prefiero ser una simple perra a ser un ser humano.

Camino delante de ellos por el bosque, mientras él y su esposa hablan y bromean. Camino unos metros, los miro y regreso a ellos para que me digan algo hermoso. Pasean cogidos de la mano, como dos adolescentes; a pesar de todo, de todos los quebraderos de cabeza, de su enorme responsabilidad, el mundo, durante esos paseos, queda lejos, muy lejos; aunque no me extrañaría que mi amo mientras habla de manera cariñosa con su  esposa, piense en sus planes y en sus próximos movimientos. Sé que su cabeza jamás deja de pensar.

El otro día vinieron a nuestra casa de campo un puñado de personas importantes, los recibimos en la terraza. Hacía un día esplendido. También, no sé de dónde salieron, había un grupo de niños, de hermosos niños. Mi amo los abrazó y los acarició, con esa expresión que me llega al alma; los pequeños temblaban de emoción, no sabían qué decir. Él estaba contento y, para mi sorpresa, dio unos pasos de baile, unos pequeños brincos, unos mínimos saltitos. Las carcajadas estallaron; su esposa lo beso, y yo, no podía ser de otra manera, me acerqué a él para lamer su mano. Uno de los invitados grabó la escena con una cámara. Espero poder ver esa película y disfrutar, una y otra vez, con las tiernas y divertidas escenas.

Es muy lógico que no siempre pueda estar junto a él. No me enfado cuando me dice que me vaya de la habitación cuando tiene alguna reunión importante, una de esas reuniones de trabajo que se alargan durante interminables horas. Estoy más que acostumbrada y lo entiendo. Cuando no estoy junto a él o junto a su esposa, me paseo por las dependencias, ya esté en la capital o en nuestra casa de campo. Vagabundeo por los pasillos o, algo que me vuelva loca, voy a la cocina e intento pillar algo sabroso. Todo el mundo, sin excepción, me consiente; soy la niña mimada.

En ocasiones, en sueños, revivo el maravilloso momento en que fui regalada a él; recuerdo el tacto cálido de sus manos, su aliento, su mirada hipnótica.

Cuando llevo un tiempo sin verlo, mi corazón se agita y late más deprisa. Es maravilloso cuando, de repente, escucho su voz, esa voz que ha atronado en discursos y desfiles, esa vez que ha hecho temblar al mundo. Mis orejas se ponen enhiestas y mi cola se agita y golpea el suelo. Corro a su encuentro. Me abraza y me palmea el lomo. Me dice: ¿Dónde te había metido, Blondi?>>. Y yo le ladro con afecto, ladro a mi maravilloso amo, ladro para demostrarle que soy suya, que soy la perra de Adolf, la consentida perra de Adolf Hitler.

4 comentarios en “BLONDI”

  1. Me ha gustado , sobre todo, porque casi desde el principio me he dado cuenta de quien era el amo de Blondi, y al ver, al final del relato, que había acertado, yo, que nunca acierto nada, me he animdo muchísimo.
    Tengo ya un pedido de libros preparado, para encargar en cuanto se pase esta racha de hospitales, y de nuevo haya siempre alguien en casa para recibirlos.

    Muchas gracias por el disfrute, y por admitirme .

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.