REFUGIOS ANTIAÉREOS

Os lo aseguro, buenas y pobres gentes, gilipollas, infelices, baqueteados por la vida, desollados, siempre empapados en sudor, os aviso, cuando a los grandes de este mundo les da por amaros, es que van a convertiros en carne de cañón… Es la señal… Infalible. (Céline, Viaje al fin de la noche)

Ayer pensaba en mi madre, que vivió el comienzo de la Guerra Civil cuando tenía tres años de edad. No hace mucho, antes de que esta pesadilla del virus maldito comenzara, me comentaba que había huido en sueños, otra vez, al refugio antiaéreo de la calle Enrique Granados. Parece que esto, las visitas al refugio, fue algo cotidiano en aquellos años. Es difícil imaginar lo que sentirían aquellos niños que sobrevivían como podían en medio de un país en llamas. Finalizada la contienda vendría, claro, la miseria de la Posguerra, miseria que en su caso (y en el de muchos otros) se vería agravada por la cárcel que sufrió mi abuelo a manos de los vencedores por culpa de un carné de la CNT. A pesar de todo ello, salieron adelante y lo hicieron, como suele decirse, con nota. Pienso en mi madre, y en los últimos vestigios de su generación, esa infortunada generación que contra todo pronóstico logró transformar la ruina que era este país en lo que es (o era hasta hace un mes) hoy; una generación de la reconciliación y el trabajo duro cuya infancia se vio truncada de manera irremisible por la locura de sus mayores y cuya vejez va a acortarse dramáticamente en no pocos casos merced a la estupidez e incompetencia de sus hijos. Dios los bendiga.

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4 comentarios en “REFUGIOS ANTIAÉREOS”

  1. ¿ Es esa su madre ? No sólo se la vé inteligente y guapa , sino que tiene algo que entre las chicas jóvenes de ahora se vé poco : el aspecto “soigné ” y contenido. De esas personas que lo ven todo, y lo procesan, pero por dentro.
    O sea resumiendo a la española : bien educada .

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