RAÍCES

Trabajé hace muchos años en la puerta de un garito con un tipo –vasco, por más señas– que era hijo del primer futbolista negro que jugó en la selección española. El hijo, mi compañero, no era negro del todo pero sí bastante oscuro. Empezó a salir con una chica de aquí y un día los padres de ella lo invitaron a comer para conocerlo. Al día siguiente me contó, riendo, que en plena comida, la madre de su novia, en un afán de demostrar de manera incontestable que su familia no era racista, se descolgó con esta frase inolvidable:

–En esta casa vemos siempre Raíces.