EPOPEYAS COTIDIANAS (ATRAPADO EN SANTS)

Hoy me ha pasado lo más tonto que le puede suceder a un hombre y una moto.

La he aparcado sobre una especie de alcantarilla y, a la hora de irme, he comprobado que el caballete se había enganchado en uno de los cuadrados metálicos de la rejilla.

Muy muy tonto.

Y no he podido sacarla de ninguna manera. En realidad, no he podido moverla ni un milímetro, aun intentándolo con todas mis fuerzas. Incluso, he solcitado ayuda a un amable viandante, y ha sido en vano. Era como tratar de liberar a Excalibur de la roca.

Al final me he visto obligado a llamar a la grúa.

Por fortuna, el incidente ha sucedido justo enfrente de un bar, por lo que he podido sentarme tomar algo en la terraza del mismo mientras esperaba los refuerzos.

A mi lado estaban sentados un chico y una chica de veintitantos años. Se notaba que, por lo menos de momento, eran sólo amigos. La chica, verdaderamente guapa, hablaba sin parar, y con voz lo suficientemente alta como para que fuera imposible no escucharla desde mi mesa por mucho que quisiera desconectar de su conversación. De vez en cuando se pasaba los dedos por su melena pelirroja y ejecutaba una suerte de espectacular caída de cabello… Entre caída y caída ha hablado de su ex, de la novia de su ex y del amigo de su ex…El chaval asentía sin parar, incapaz de meter baza en la conversación salvo algún monosílabo aislado.

Sé bien lo que estaba pensando. lo mismo que pensaba yo en situaciones semejantes,a su edad.

—¡Qué buena que está!

Llamadme adivino, pero también lo que pensará a mi edad en una situación análoga:

—¿Esta mujer no se calla nunca?

Entonces ha llegado mi grúa. Un tipo de unos treinta, regordete, se ha bajado de ella.

Ha mirado la jugada unos segundos y, sin decir una palabra, ha comenzado a apartar las motos que estaban aparcadas al lado de la mía.Yo lo miraba alucinado, como un niño mira al domador de leones de un circo.

Una vez despejado el terreno, ha cogido mi moto y me ha dicho: —Empuja para allá.

Hemos hecho fuerza… ¡Y zas! Mi moto ha quedado libre. Todo el proceso ha durado menos de cinco minutos.

¡Línea Directa me ha enviado a Sir Galahad!

—Eres mi puto héroe —le he dicho mientras colocábamos de nuevo las motos en su lugar.

Antes de arrancar, he mirado a mis chicos de la mesa. Ella seguía hablando, a su aire, y él, asintiendo. A veces la madurez (por no llamarla “vejez”) tiene sus ventajas.

Les he deseado suerte mentalmente y me he largado de allí.

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