DEL REY EMÉRITO. UN RECUERDO PERSONAL

El 23 de febrero de 1981 servidor de ustedes estaba tomando unos vinos y cosas en compañía de su chica y unos coleguitas del barrio en una bodega de la barcelonesa plaza Mañé i Flaquer, más conocida como la plaza de los Burros. La velada transcurría plácida y alegre hasta que el camarero tuvo a bien acercarse a mi persona —pues mi persona, que yo recuerde, era la única que iba vestida de soldado en aquel lugar— y preguntarme si había oído algo relacionado con un golpe de Estado.

—Claro, claro —le dije, para quitármelo de encima, pero sin tener ni la menor idea de a qué se refería.

Sin embargo, minutos más tarde adquirí conciencia de que la cosa era grave y me fui corriendo  —literalmente — al cuartel . Al llegar a la barrera de la entrada me di cuenta de que había una tanqueta donde jamás la había visto antes, lo que, como puede suponerse, no resultaba nada tranquilizador. Los chicos de la PM me indicaron con su amabilidad habitual que había de recorrer los metros que separaban la barrera del Cuerpo de Guardia —unos cincuenta— con el carné militar en alto, carné que, cosas de la vida, había perdido a los pocos días de jurar bandera.

Que se sepa, pues, fui el único soldado que accedió al cuartel exhibiendo el carné de los Ferrocarriles Catalanes —que, por fortuna, era del mismo color que el militar— por encima de su cabeza.

Mi unidad era de las denominadas de intervención rápida, por lo que se suponía que, pasara lo que pasase, íbamos a estar en primera línea. Cuando llegué aquello era un manicomio: estaban repartiendo cargadores como si no hubiera un mañana —mala cosa­— y —todavía peor­— habían dado órdenes de requisar todas las radios personales de la tropa, de suerte que, al cortar nuestra única fuente de noticias con el exterior, en ningún momento sabíamos qué estaba pasando afuera. (Ésa, no hay ni que decirlo, era precisamente la intención al quitarnos los aparatos) Recuerdo que durante aquellas horas nos preguntamos unos a otros, en más de una ocasión, a favor de quién íbamos, sin tener conciencia de si éramos golpistas o no.

Entre paréntesis: apenas seis meses antes yo estaba estudiando plácidamente que nunca te bañarás dos veces en el mismo río en mi confortable pupitre de tercero de BUP.

Al mando de la unidad estaba el (entonces) capitán C., militar fiero y capaz como pocos (por no decir ninguno), y célebre hoy por su actividad política como canditato por Vox a la alcaldía de Palma. Su tío, si la memoria no me traiciona, estaba al mando del regimiento en la que estaba encuadrada la compañía, el regimiento más importante de la IV región militar.

Quiero decir que lo que sucediera en aquel cuartel tenía su importancia.

Un buen amigo, enlace con el mando, me contó años después que la actividad que percibió a su alrededor, en las salas “nobles” de nuestras instalaciones fue frenética. Y el nerviosismo también. Mucho se ha escrito sobre el papel del ejército en aquellas horas decisivas del 23-F, un papel que podría calificarse como de quedarse “a verlas venir”. Sea como fuere, mi amigo recuerda perfectamente que le tuvieron ahí hasta que el rey apareció en televisión. Una vez, terminada su alocución, el mando le dijo tranquilamente:

—Puedes irte a dormir.

Aquel golpe de estado había concluido en ese preciso instante.

Supongo que debió de pasar algo muy similar en muchos acuartelamientos del país.

Rey o villano, quien tenga culpas, que las pague. Pero no está de más recordar estos días a los peterpanes y peterpanas que se empecinan, no ya en en elevar sus traumas infantiles a rango de ley, sino en repetir el momento más cruento de nuestra historia para tomarse la revancha en nombre de sus bisabuelos, que si hoy en día pueden defender sus mamarrachadas en libertad y desde las instituciones se debe, principalmente, a que esta persona a la que han echado del país sin juicio previo se plantó un día, ya lejano, frente a los traidores que querían arrebatarnos esas libertades que tanto nos había costado conseguir.

4 comentarios en “DEL REY EMÉRITO. UN RECUERDO PERSONAL”

  1. Me requetechifla esta entrada, Gomez. Y junto con la de “Banderas de Nuestros Padres “, no sólo la voy a imprimir, y a guardarla entre mis tesoros favoritos, sino que la voy a mandar a todas partes.
    A nosotros , el 23F, nos llamó mi suegro, para que no saliéramos de casa ninguno , y estuviéramos pendientes de las noticias.
    Y desde entonces, a Gutierrez Mellado, y a Suarez ( que hasta entonces no me gustaba demasiado ), los metí entre mis Héroes, junto con El Cid, El Gran Capitán, Juana de Arco, Robert the Bruce, etc etc, Y a Don Juan Carlos le guardo reconocimiento y gratitud eternos. Aunque no haya sabido envejecer.
    Muchas Gracias

    Me gusta

  2. Me trae a este blog mi muy querida viejecita, en buena hora. A mi también me ha encantado esta entrada.
    Yo que en la vida he sido monarquico, si no mas bien anarcojiponcio,,,,
    ¡Viva el Rey!
    Es lo que tiene dos cosas, ir cumpliendo unos años ya y sobre todo, tener que aguantar la patulea de politicos que tenemos.
    Gomez, pero te suicidaste o no?

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.