CONTRA NEGANTEM PRINCIPIA NON EST DISPUTANDUM

De un tiempo a esta parte se ha popularizado bastante un tratado de dialéctica erística (o arte de tener razón) que escribió Arthur Schopenhauer a mediados del siglo XIX. A lo largo de sus páginas el filósofo enseña, por medio de treinta y ocho estratagemas, cómo atacar y defenderse en el curso de una discusión, independientemente de que la razón esté de nuestro lado. Separaba, pues, como objetos distintos el descubrimiento de la verdad objetiva, que situaba en el campo de la lógica y sometida a unos procesos intelectuales diferentes, de la esgrima argumental con que logramos imponer nuestras tesis en un debate.

Sin embargo, cuando leí, hace ya muchos años el librito de marras, lo que más me llamó la atención de él —de hecho me atrevería decir que mejoró mi vida— fue una advertencia inicial incluida en el prólogo, una de esas máximas que piden mármol a gritos y que, con su permiso, paso a reproducir a continuación.


Ahí va:


“En toda discusión o argumentación en general hay que estar de acuerdo sobre algo desde lo cual, a modo de principio, podamos juzgar el asunto en cuestión: Contra negantem principia non est disputandum (Con quien niega los principios no puede discutirse)”.


No es una simple fracesita, no. Se trata de pura Verdad Revelada.


La repito por si hubiera dudas: “Con quien niega los principios no puede discutirse”.


No se imaginan la de polémicas absurdas que me he ahorrado en mi vida gracias al bueno de don Arturo.


Cuando cualquier conciudadano, por ejemplo, trata de comenzar una discusión conmigo con un “Espanya ens roba”, “volem ser lliures” o cualquier cantinela similar, no me molesto siquiera en argumentar o exponer las razones de mi desacuerdo y, sencillamente, lo ignoro: me callo, cierro, bloqueo o, si es el mundo real, le doy la espalda y paso a otra cosa. Lo mismo me sucede con cualquier conato de discusión que comience por “todos los hombres son unos…” o cualquier frase que contenga la expresión “ricos y poderosos”.


A tomar por culo directamen6te sin pasar por la casilla de salida y sin cobrar las veinte mil pesetas.


Hará un par o tres de años, en el típico “bar de la esquina”, un parroquiano con quien había charlado de fútbol en alguna ocasión me abordó inopinadamente, mientras yo desayunaba, con un: “Ho tenim a tocar”.


—¿La liga? —le pregunté con candor.—No, no. La independencia. ¿No has escuchado lo que dijo ayer Juncker?


Por alguna razón, me había tomado por independentista.

Tuve que hacer gala de todas mis dotes diplomáticas para no iniciar una discusión en la que, a buen seguro, no había ninguna base sólida de acuerdo que nos permitiera poder exponer nuestras diferencias de criterio de un modo constructivo.


—La verdad es que deseo tanto la independencia como que me corten la polla en rodajas —le dije.

Ahí se acabó la conversación.

Supongo que don Arturo se habría sentido orgulloso de mí. Sea como fuere, creo que seguir al pie de la letra esta advertencia es una de esas decisiones que mejoran el sueño, son beneficiosas para la salud y, a la postre, alargan la vida.

2 comentarios en “CONTRA NEGANTEM PRINCIPIA NON EST DISPUTANDUM”

  1. Me gusta pero no sé si lo veo muy viable, porque :

    ¿ Qué hubiera hecho usted, si quien le hubiera soltado alguna berzada tipo ” todos los hombres son unos… ” hubiera sido una hija suya ? ( no una niña pequeña, no, una hija independiente , con una carrera brillante, que ya no viviera con usted , y que no se lo dijera entre lágrimas porque algún desgraciao le hubiera hecho la faena, sino en plan verdad absoluta ) ?.
    Cuando uno quiere a alguien, o incluso cuando lo aprecia, y no hay forma de evitar una confrontación de principios , ( que lo más recomendable es evitar esas ocasiones ), no hay más remedio que discutir. Y procurar que la discusión no se envenene, aunque sea a base de “dejar al toro vivo”, hacerse el tonto, y que parezca que uno la ha perdido.

    Por lo menos, esa es mi propia experiencia de viejecitíssima.

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