TERAPIA

Me lo contó muchos años después. Aunque parezca mentira, la historia es absolutamente verídica.

Tengo un amigo que en una época de su juventud padeció lo que bien podría catalogarse como una adicción a la prostitución. Además de los problemas psicológicos derivados de esta pulsión en sí misma, estaba también el económico, pues, con tanta noche loca, el día diez del mes ya había terminado con el dinero de su nómina.

Al final, desesperado, buscó consejo profesional acudiendo a un reputado psiquiatra, experto en adicciones, que le recomendó alguien.

El psiquiatra, tras escucharlo atentamente y soltar la cháchara habitual de los comecocos, le regaló por fin un infalible consejo para superar su adicción:

–Cuando llegues a tu casa –le dijo el doctor– te imaginas a la chica más guapa que conozcas… y te masturbas pensando en ella.

Y le sopló diez talegos por la visita. No estaba mal por decirle a alquien que se la cascara. Yo, como ya le manifesté en su momento, le habría dado idéntico consejo por bastante menos dinero.

Según me contó, se trataba aproximadamente de la misma cantidad que le cobraban las profesionales del sexo por el mismo tiempo de su trabajo.

Por lo visto, mi amigo no llevaba encima el importe completo de la visita y le dejó a deber la mitad al terapeuta. Por supuesto, una vez que salió de la consulta decidió no pagarle jamás por el consejo. Pero al cabo de unas semanas, una ayudante del doctor lo telefoneó desde el consultorio para recordarle que todavía debía cinco mil pesetas.

Mi amigo le dijo:

–Dígale al doctor que cuando llegue a su casa se imagine un billete de cinco mil… y se masturbe pensando en él.

La mujer no atinó a responder. Pero mi amigo pronto empezó a escuchar por el auricular una risa, risa que fue aumentando paulatinamente hasta convertirse en una incontenible carcajada.

Era el doctor.

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