LA BLANCA MANO DE LA MUERTA (ELOGIO DE LA MALA LITERATURA)

Leí esta novelita de apocalíptico título, La blanca mano de la muerta, en 1985. Puedo precisar el año sin miedo a equivocarme porque recuerdo que la leí, con los pies encima de la mesa del despacho como solía, en un trabajo que desempeñé por aquellas fechas. No la compré; la encontré por algún cajón de la oficina y acabé con ella en un par de horas como mucho. En realidad, en aquel soporífero trabajo de juventud no hacía otra cosa que devorar un libro detrás de otro, y comoquiera que por aquellos tiempos servidor era un lector tan entusiasta como omnívoro, me daba igual que cayera en mis manos una obra de Nietzsche –leí varias del filósofo alemán aquel año–, la última de García Márquez o un subproducto de terror como el citado.

A propósito de esta novela, tengo que confesar que la mayor parte ella se ha borrado prácticamente de mi memoria. Sólo recuerdo de manera muy vaga una persecución por un modernísimo edificio –precursor de los inteligentes de hoy día– completamente desierto y que la acción se desarrollaba en uno de los dias más calurosos del siglo. Ni siquiera recuerdo a la muerta, y menos aún su blanca mano. Tampoco este olvido va en detrimento, por lo menos a priori, de la calidad de la obra, pues me temo que de muchos otros libros, incluso de autores consagrados, sería incapaz de recordar ni aunque me fuera la vida en ello dónde transcurrían y, todavía menos, en qué época del año.

Gracias a internet, he encontrado una foto de la portada y he descubierto que la Blanca mano de la muerta fue escrita por Clark Carrados, seudónimo del funcionario de prisiones reciclado en prolífico autor de novela pulp y guionista de tebeos, Luis García Lecha, quien, según la misma entrada, utilizó también los siguientes seudónimos a lo largo de su dilatada carrera literaria: Louis G. Milk, Glenn Parrish, Casey Mendoza, Konrat von Kasella y Elmer Evans.

Ahí es nada.

Escribió –sigo con la wikipedia– casi ¡seiscientas obras! de ciencia ficción para diversas editoriales, principalmente de Barcelona. Cultivó también el western, el género bélico, el policíaco y el de terror y su obra novelística asciende a la friolera de…

Dos mil tres novelas largas.

Repito: dos mil tres novelas.

¿Cómo se te ha quedado el cuerpo, Stephen King…? ¿Estás por ahí, Balzac? Invita a Carrados a un café si lo ves en el Parnaso.

Clark Carrados falleció en 2005. El anónimo autor de la wikipedia de quien he extraído estos datos nos aclara –sin venir demasiado a cuento– que, aunque franquista, ayudó a los autores republicanos de la editorial Bruguera que tenían problemas con las autoridades. Por tanto, además de prolífico, buena persona. Quede consignada, pues, su bondad también en esta apresurada nota.

Siempre he admirado con toda mi alma a estos esforzados de la literatura, personas que ni siquiera sucumbían a la vanidad de firmar sus obras con su propio nombre. Mi padre adoraba estas novelas. Supongo que muchos de ellos pasaron las de Caín para salir adelante. Da lo mismo que ni los autores ni las obras vayan a pasar a la posteridad; cumplieron de sobras con su cometido: entretener a toda una generación de lectores y ayudarlos a escapar, squiera por unas horas, de sus vidas. Bravo por todos ellos… No me cuesta demasiado imaginar al señor García Lecha regresando a su casa, en aquella Barcelona cenicienta de los años cincuenta, después de su jornada laboral en la cárcel Modelo. Lo veo dando cuenta de una comida frugal y sentándose inmediatamente delante de su vieja máquina de escribir de carro. Sí, puedo ver al señor García Lecha dejar de ser él y su circunstancia y convertirse en Carrados, en Elmer Evans o Konrat von Kasella y volar hacia los tórridos desiertos de Arizona –a unas pocas pesetas por pagina, unas pocas pesetas por cadáver–, las playas de Normandía, las más lejanas constelaciones de la galaxia o, por qué no, acelerar la respiración del lector con una persecución en un edificio desierto, bajo un calor asfixiante, donde la blanca mano de la muerta ansía apretar el cuello de su próxima víctima hasta robarle el último hálito de vida.

2 comentarios en “LA BLANCA MANO DE LA MUERTA (ELOGIO DE LA MALA LITERATURA)”

  1. Pues yo no he leído ninguna de las dos mil tres novelas bajo ninguno de esas firmas.
    Cuando en mi adolescencia me gastaba la paga semanal en novelas de esas, las que había ( y las que mi paga me permitía comprar ), eran las de Escélicer… de los jesuítas ; Martín Vigil y así.
    Pero este texto me ha picado la curiosidad. Habrá que buscar…

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  2. De esacolección recuerdo leer alguna en casa de mi abuela.No se quién las compraba, pero estaban en el desván junto a las del Coyote y algunos Creepy.

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